Postboda en Asturias: Tu Otra Sesión
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La sesión que muchos no conocen
La postboda es una sesión de fotos que se hace días, semanas o incluso meses después de la boda. La pareja vuelve a vestirse de novios, o no, y se hace una sesión tranquila en un lugar especial, sin la presión del día de la boda, sin horarios que cumplir, sin invitados esperando. Solo vosotros, el fotógrafo y un escenario que elijáis.
Es la sesión que muchas parejas desconocen y que las que la han hecho siempre recomiendan. Porque resuelve un problema real: el día de la boda hay tantas cosas pasando que el tiempo para fotos de pareja siempre se queda corto. Nunca es suficiente. Siempre queda esa sensación de que podría haber habido más, de que se escaparon localizaciones, momentos, ideas.
La postboda es precisamente eso: la oportunidad de hacer las fotos que el día de la boda no dio tiempo a hacer. Con calma, sin prisa y con la tranquilidad de que ya no hay nada que pueda salir mal, porque la boda ya pasó y fue maravillosa.
Cuándo hacer la postboda
No hay una regla fija. Algunas parejas la hacen el día después de la boda, aprovechando que todavía están en la zona de celebración y con las emociones a flor de piel. Es una opción estupenda si tenéis energía, porque la conexión emocional del día anterior se nota en las fotos.
Otras parejas prefieren esperar unas semanas o un par de meses. Y esto también tiene sus ventajas. Habéis descansado, habéis procesado las emociones del día, podéis revivir recuerdos durante la sesión desde una perspectiva diferente. Además, si os casasteis en verano, esperar a septiembre u octubre os da acceso a colores otoñales en Asturias que son un espectáculo.
Incluso hay parejas que esperan al aniversario para hacer la postboda, convirtiendo la sesión en una celebración del primer año juntos. Es una forma bonita de reconectar con ese día y de actualizar vuestro álbum con fotos que reflejan dónde estáis un año después.
Mi recomendación general es no dejar pasar más de tres meses. No por ninguna razón técnica, sino porque la ilusión del vestido, del traje y de la ceremonia se va diluyendo con el tiempo, y eso puede afectar a cómo vivís la sesión.
Localizaciones en Asturias que brillan en postboda
La postboda permite ir a sitios donde el día de la boda sería imposible llegar. Podéis hacer una ruta de senderismo con vestido y traje, bajar a una cala escondida, subir a un mirador al atardecer. No hay limitaciones de tiempo ni de logística, así que las opciones se multiplican.
El Cabo Vidio, con sus acantilados vertiginosos y su faro, es un escenario brutal para postboda. La combinación del verde intenso de la hierba, el azul del mar y la piedra del faro crea un contraste precioso con el blanco del vestido. Y si pilláis un atardecer claro, las fotos con el sol hundiéndose en el Cantábrico son de las que se enmarcan.
La Senda del Oso es perfecta si os gusta la naturaleza más suave. El recorrido junto al río Trubia, los puentes colgantes, los túneles antiguos de la vía del tren. Todo eso genera escenarios variados sin necesidad de hacer grandes desplazamientos. Es una sesión cómoda, bonita y con mucho juego fotográfico.
Para algo más urbano y con personalidad, la Universidad Laboral de Gijón ofrece una arquitectura monumental que contrasta con la intimidad de una sesión de pareja. Las columnas, los arcos, las escalinatas. Es como tener un palacio italiano a veinte minutos de Gijón. Y si la sesión termina en la playa de San Lorenzo al atardecer, el cierre es redondo.
Vestirse de novios otra vez o no
Aquí cada pareja tiene su criterio. La opción clásica es volver a ponerse el vestido y el traje de boda, y es lo que recomiendo si queréis fotos que complementen el reportaje del día. El vestido se ve diferente en un entorno natural que en un salón de banquetes, y eso enriquece mucho el resultado final.
Pero hay parejas que prefieren vestir ropa normal, algo que les represente en su día a día. Unos vaqueros, unas botas de montaña, una camisa informal. Estas fotos tienen otro aire, más casual, más relajado. Son las que ponéis en la nevera o en la mesilla de noche, las que os representan como sois cuando nadie os mira.
También hay una opción intermedia que funciona muy bien: empezar con el vestido de boda y cambiar a ropa informal a mitad de la sesión. Así tenéis los dos tipos de foto y la variedad en el resultado es mucho mayor. Eso sí, necesitáis un sitio donde cambiaros, que en medio del monte no siempre es fácil.
Si optáis por el vestido de boda, no os preocupéis demasiado por ensuciarlo. Ya cumplió su función principal y ahora tiene una segunda vida en estas fotos. Esas marcas de hierba en la cola, esas salpicaduras de barro en el bajo, esas arrugas de haberse sentado en una roca le dan carácter y cuentan una historia.
Cómo es una sesión de postboda
La duración habitual es de hora y media a dos horas, aunque depende de cuántas localizaciones queramos cubrir. Si nos movemos entre varios puntos, puede alargarse algo más. Si nos quedamos en un solo sitio y exploramos diferentes rincones, suele ser suficiente con hora y media.
El ambiente es mucho más relajado que el día de la boda. No hay prisas, no hay invitados esperando, no hay timeline que cumplir. Podemos repetir una foto si no sale bien, probar ideas diferentes, experimentar con ángulos y luces que en una boda no daría tiempo a buscar.
Es también una sesión donde los besos, los abrazos y las miradas son más naturales. Ya no tenéis los nervios del gran día. Ya sois marido y mujer, y eso se nota. Hay una complicidad diferente, una calma que se traduce en fotos con mucha intimidad.
Para que la sesión funcione bien, planificamos juntos la localización, el horario y el estilo con antelación. Yo suelo hacer una visita previa al sitio para estudiar la luz y los mejores puntos de foto. Así, el día de la sesión no perdemos tiempo buscando y podemos centrarnos en lo importante: que lo paséis bien y que las fotos cuenten quiénes sois.
Si vuestra boda ya pasó y no hicisteis postboda, no es tarde. De verdad. Conozco parejas que la hicieron un año después y quedaron encantadas. La postboda no tiene fecha de caducidad, solo necesita ganas y un buen sitio donde hacerla. Y de buenos sitios, en Asturias nos sobran.


